La jueza Carmena y su marido tienen mucho que callar: sobreseimiento provisional no es sobreseimiento libre.

En muchas ocasiones la ignorancia de aspectos jurídicos impide valorar con suficiencia la actuación de los representantes públicos. La jueza Carmena, la que formaba parte del tribunal que absolvió al doctor de la muerte, decidió emprender el camino de la política a cara descubierta. Ya era parte de la partitocracia cuando fue designada como vocal del Consejo General del Poder Judicial, a propuesta, como es lógico, de Izquierda Unida.

Ahora tras dejar atrás la judicatura, decide relanzar su vida hacia la política, presentándose con Podemos en la marca blanca de Ahora Madrid. Y con pocos días en la política, ya surgen los primeros escándalos públicos. El primero de ellos es el publicado por Libertad Digital, según la cual el marido de Carmena había traspasado presuntamente el patrimonio de su empresa al de la jueza, a fin de evitar pagar a los trabajadores de la misma. Dicho alzamiento de bienes finalizó en el concurso de acreedores de la empresa que dejaron tan vacía, que pese a la preferencia de los trabajadores, estos apenas lograron cobrar nada. Carmena, pese a todo, trata de defenderse con la siguiente argumentación:

“Esta querella tiene poquísimo recorrido: prueba de ello es que recae en el juzgado de instrucción número 15 de Madrid, que, al indagar los hechos, y antes de llegar siquiera al juicio oral, sobresee el caso y este es archivado (citando la propia querella: «al no haber sido justificados los motivos por los cuales se ha instruido la causa»). Esta sentencia no ha sido recurrida.”

Aquí está la gran trampa, el auto de sobreseimiento, como bien dice, impide la apertura de juicio oral y pone fin al procedimiento. Pero existen dos tipos de sobreseimiento. Uno, el sobreseimiento libre que tiene eficacia de cosa juzgada y otro, el sobreseimiento provisional, que no tiene eficacia de cosa juzgada. Traducido al román paladino, mientras que el primero impide que se reabra un proceso el segundo no. Y esto es así porque el sobreseimiento provisional se dicta no cuando está totalmente probado que no es culpable de los hechos que se le imputan, sino cuando no esté debidamente  justificada la perpetración del delito o no exista motivación suficiente para acusar. Y el auto de sobreseimiento de Carmona es provisional: 

auto

Ello implica que en el momento que se consigan más pruebas acerca del alzamiento de bienes perpetrado por Manuela Carmena y su marido, el proceso se reabriría, pudiendo llegar a ser condenados. Es vital que la ciudadanía sepa esta diferenciación entre provisional y libre, porque dicho matiz trascendental comporta unos efectos bien distintos. Si de verdad Carmena hubiera querido evitar todo el embrollo, no sólo habría impedido el traspaso de bienes del patrimonio de su marido hacia el suyo, sino que además hubiese contribuido de manera solidaria para evitar que los trabajadores se quedasen desprotegidos sin cobrar. Sin cobrar y sin aguantar la chulería de ver paseando a su marido en un lujoso Lexus. Pero ya saben, la doble moral de la izquierda. La misma que hace que Vestrynge y Wyoming acaparen pisos  en los que podrían vivir decenas de familias. 

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Abogado y economista en potencia por la URJC. Algo protestante y algo liberal. Sígueme en @Arranzz.

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