Ron Paul tenía razón: Faluya, el fracaso del intervencionismo militar.

Estos días hemos tenido la noticia de que ISIS ha tomado el control de Faluya. ISIS es una rama extremista de la ya de por sí radical   Al-Qaeda. Faluya, para aquellos que no lo sepan, se sitúa al este de Bagdad, a tan sólo 69 kilómetros de la capital iraquí.

Durante la invasión de Iraq fue uno de los puntos claves para la teórica pacificación de la zona y la lucha contra las fuerzas yihadistas. A inicios de 2004, polacos y americanos lanzaron la primera ofensiva. Resultado: entre 572 y 616 civiles muertos. No fue suficiente. En Noviembre de ese mismo año, esta vez americanos y británicos, volvieron al ataque en el marco de la operación “Furia fantasma”. En esta ocasión el balance de inocentes se incrementó hasta llegar a los 800.

Ron Paul, en su mítico discurso “What if“, señaló que la causa principal que aviva a los terroristas es precisamente la intervención militar. Las matanzas de civiles son prueba de ello, los pocos supervivientes que quedan ven nacer un odio creciente frente a  aquellos que en principio iban a pacificar y a exportar la democracia.

Obama retiró las tropas no como resultado de una victoria militar, sino de una política. Era su promesa electoral y la cumplió. EEUU en ningún momento pudo controlar de manera efectiva Iraq, alcanzando el terrorismo islámico su apogeo durante la ocupación. Con un calendario de huida también para Afganistán, la situación de Oriente Medio se encuentra peor de lo que estaba antes de la invasión soviética  de los ochenta . Ya entonces Estados Unidos intervino para dar apoyo financiero y militar a grupos del integrismo islámico, de los cuales surgió Al-Qaeda. La misma Al-Qaeda que ahora tiene más poder que nunca y que ha tomado una ciudad que se encuentra a sólo 70 kilómetros de la capital.

Aquellos neocons que decían que la invasión y pacificación de Iraq iba a ser “cakewalk” (pan comido), hoy, con la captura de Faluya, sienten el fracaso rotundo de sus políticas. Porque de nada sirven los dólares y aún menos las armas. La ayuda al desarrollo y la intervención militar sólo ha conseguido aumentar la miseria de la gente inocente, y expandir el mensaje totalitario de los fundamentalistas.

Tras esta dura lección, los países occidentales, que también participaron en esa errada estrategia, siguen sin aprender. Nuestro país gasta 791 millones de euros en las llamadas misiones de paz que, en verdad, conducen a un conflicto mayor. Por otra parte, 1814 millones irán destinados a financiar dictadores de los países del tercer mundo, para que continúen afianzando su aparato represor y sigan condenando a la miseria a su población.

Esa es la realidad, la triste realidad que una vez más da la razón a Ron Paul.

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Abogado y economista en potencia por la URJC. Algo protestante y algo liberal. Sígueme en @Arranzz.

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