La navidad en Cuba

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Muchos, incluso en Navidad, tendemos a compararnos con ciudadanos de otros países que viven mejor. Con aquellos que tienen más que nosotros. Con los malvados alemanes o los fríos noruegos. Pero olvidamos que hay zonas del mundo donde la Navidad se hace realmente difícil. Pese a los 6 millones de parados en España y pese a la cantidad de gente que tiene que acudir a Cáritas, la situación  es aún peor en el paraíso comunista cubano.

Allí los niños no juegan con la videoconsola de último modelo. Las medicinas con principios activos básicos como el paracetamol o la codeína son, aún pagando, imposibles de encontrar. Los ricos no son aquellos que comen caviar, sino los que consiguen poner en la mesa leche y pollo. La leche cuesta 2’50 dólares, queso para untar 6’55, un peine de plástico 0’25. El salario mínimo es de 0’05 dólares la hora. Un médico cubano con 43 años de experiencia, de esos que tanto prestigio tienen a pesar de estar formados con tecnologías sanitarias del siglo pasado,  gana unos 16 centavos la hora.

La mayoría de viviendas se vienen abajo. Son la herencia de una época pasada que fue próspera. Tan próspera que Cuba era la quinta en renta per cápita , la tercera en consumo de calorías diarias y estaba por delante en vehículos (per cápita) de Japón o España. Sí un cubano tenía mayor probabilidad de tener un automóvil que un japonés.  Ya nadie recuerda aquella época, sólo los antiguos coches y edificios que aún perduran, son testigos del cambio revolucionario.

La mayoría de cubanos aún ven la vida en blanco y negro. Sus televisores dan fe de ello. En ellos se emiten los cuatro canales estatales. A estos cuatro canales estatales se les suman los tres periódicos de tirada nacional, cuya línea editorial es una: la del Estado. No cabe espacio a la crítica.

Esta es la realidad cubana. La realidad de un país visto desde adentro, con fotografías que no dejan indiferente a nadie. Gracias a Yusnabi Pérez podemos descubrir cómo viven sus ciudadanos día a día. Situación que dista de la realidad adulterada que nos transmiten los marxistas de los países desarrollados.

La Navidad es un periodo de esperanza y con ella quiero despedir el año, deseando que, algún día, ese bonito país recobre  la alegría de vivir en libertad.

¡Viva Cuba Libre!

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Abogado y economista en potencia por la URJC. Algo protestante y algo liberal. Sígueme en @Arranzz.

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